jueves, 21 de septiembre de 2006

.málbec.


Te han dicho que eres madrugada

(cuando de sueños ajenos emanas tragedia, tesón, lujuria... deseo)

Te dijo madrugada justo a las dos de la mañana.

los ojos se apuñan y la gana pesa, lo etéreo se respira. La boca sobre tu alma y el sueño colgado de la percha vecina.


Te han llamado día,

(si el sol se acurruca en tus rizos y la grana de tu labios enrojece a mares)

Te dijeron día, desayuno continental y dos miradas cruzadas.

Riendo así con ese brillo inocente y tu pupila clara susurrando el movimiento. Que vienes, que vas, que mutas y a ratos te quedas.





Te dijeron tarde,

(el paso somnoliento y tu apetito de fiera mansa se acomodan entre brisa y pestañeo sordo)

Te llamó tarde, en aquella banca... tu voz corría, rozaba su pierna y poco a poco se te entregaba.


Te grité noche,

(cobija, dos copas, botella de tinto, cabellos sueltos y mordidas de orejas)

Te jadeo noche, cerca de tu ombligo... entre el tuyo claroscuro y el suyo contraste, haciendo de lo ajeno... lo propio. pensando poner el cereal que te gusta en mi alacena.

viernes, 8 de septiembre de 2006

╗╝
.le musique.

vienen los humos lentos.
la música apuesta por derretir a los que se besan en las esquinas.
yo le voy a que dormiré pensando en aquello y nada más.
vasos van directamente a bocas entreabiertas.
enrique me platica lo mucho que la extraña.
las copas lo han malpuesto y llora.
tiene puesta una pulsera negra en la mano izquierda y acurruca su cabeza confundida entre cabellos del mismo color sobre mi hombro.

yo, estoy callada. mirando con cautela el espectáculo de humos amigos y notas perdidas.
le acaricio el cabello con la mano derecha. en la otra permanece el quinto cigarro de la joven noche, el último de la cajetilla que compré en la tarde al salir de casa.
él solloza y me dice plenamente convencido que las canciones dicen la verdad.
¿no has pensado que “quiero dormir cansado” es la frase más apta para cuando te están dando en la madre?
le sonrío y le digo que él tiene la madre tan completa como yo tengo la mía, que no se preocupe.
enrique se levanta del sofá para dos.
me toma de la barbilla y me dice que soy su mejor amiga.
deposita un beso en mi frente, que desde hace mucho está caliente de tanto pensar en nada.

él es amante de la música. no sabe tocar ningún instrumento. jamás podría, no tiene la capacidad de ser paciente. en su cuarto, almacena cerca de su buró, discos tras discos. él es el único que tiene el poder de sorprenderme en cuanto a música buena se trate (basuritas en los ojos de cualquiera)... significando esto, un algo demasiado pero demasiado personal... en fin, justo ahora que lo miro caminar hacia la nevera, veo que mi amigo ha crecido, que sus zapatos de gamuza hacen juego con las bolsas traseras de su pantalón de mezclilla... que lo miro y entre humo y más humo... veo que ciertamente, si, el cabrón chillón/borracho me gusta.

vuelvo a jalar humo y la música sigue aferrada en ganar.
yo aún sigo sentada en un bloque de hielo y al parecer así seguiré.
enrique se está tardando y empiezo a recordar cómo es querer.
de cuan sola me siento.
de cómo la verdad se adhiere y se atraviesa en la garganta... de cuan seca estoy y que tan sin lágrimas puedo estar.
pienso en lo que enrique le contestó una vez a darinka cuando ésta le preguntó si no se aburría de tanto escuchar música; él jugueteando con su portacd’s le contesta que no, que realmente nunca se aburriría. ella se rió, se despidió con un beso en la mejilla y le susurró burlonamente un “noño”.
¿cómo me voy a aburrir? me dijo esa vez. oigo música porque me hace pensar en ella.

enrique aún no vuelve. seguramente está pegado a una bocina del estéreo del cuarto vecino. seguramente evocando a su clavicordio hecho mujer. mi cajetilla se ha acabado. y busco alguna mano conocida que me ofrezca otro cigarrillo. un tipo me mira desde la esquina y sé que la música lo ha puesto en juego porque ella, desgraciada en bemoles, sigue luchando conmigo por querer ganar en el “me acerco, no me acerco... ven tú, la pasaremos bien”, me quieres hacer caer /como siempre - como si estuviera ida - como si no supiera escribir un como/ . no nena, le digo (a la pinche, pinchísima música) en mis adentros. a mí no me derrites en esquinitas cualquieras, ni madres!. te la pasas recordándome en cada guitarra y voz... su vos... y encima de eso ¿ahorita harás la graciosada de que en esta esquinita rascuacha derrita mi hielo y haga que tus efectos seduzcan bocas y pieles?. no reinita, no! me levanto, acomodo la larga falda. prendo el discman y un “diiiiiicen la verdad” se repite cruzando la puerta de la casa de lore, la anfitriona de la fiesta; caminando por la banqueta con mocasines cafés, transcurre un “oooooooh, ohhhhhhh”; tarareando “asíiiiiii” doblando en la tercer cuadra recorrida y acaba el track uno. viene el espacio de silencio entre canción y canción... es cuando me siento sedienta de versiones modernas de carácter no tan animal. miro el pavimento y en suspiros medianocheros parezco balbucear: “lo bueno es que después de lo primero viene lo segundo”. y sin más ni más, veo que he caminado mucho, que el cd ha terminado, que enrique se quedó en casa de lore pegado a una bocina de estéreo. y que yo, yo ya llegué.