una servilleta dispuesta en aquella mesa
hay una mancha de café, yo.
una tregua de acero: los chirridos de un tenedor ante la porcelana.
mucho tiempo dentro.
¿y si fuéramos un caldo mixto,
una revolución: verduras prestas, ajíes, carnes blandas?
¿si decidieras derramarte en un mantel de seda?
no, ten fé, sí te limpiaría.
ojalá tuviéramos la eternidad de nuestro lado
y las voces tiernas aún pululando.
yo a veces recuerdo los perfumes que nos ataron hace tiempo
y sé tú cada paso de ardilla temeroso de un rechazo tuyo
aunque nos cliquen los segundos,
aún las narices se prestan a negar nuestros olores y sangre
nos sabemos ciertos
nos sabemos confusos-los miedos son cortos.
aquí estaré,
ene veces repetida.
sólida sin nada áspero que te haga correr
cero pretensiones en mis palabras
pero mucho sabes para tí cuando busques esa silla y leas entre estas líneas.