.mái oún.
y es que la historia me ha declarado la guerra.
y es que sé leer sus ciclos y descrifrar cuando pueden repetirse.
¿qué podría decirnos del pasado?
-que sé más de lo que tu sabes del mío-
-que me siento poderosa sabiendo lo que has hecho sin decírmelo-
domingo, 27 de septiembre de 2009
miércoles, 16 de septiembre de 2009
metrónomo
el cuerpo es blando
llano y con pequeñas curvas
su efecto, pesado.
unas cicatrices adornan la piel morena
la rubéola, la varicela, la escarlatina
dejaron su paso al tacto
más dentro, en las carnes
se enraiza tejido fibroso,
fuerza magra,
durezas.
tejido suave hecho para deleitar.
bordes y comisuras con remates de escondite.
y como un redoble se deja llegar un eco
a veces doble, a veces triple, a veces ni redobla.
pero hoy enmudece
la alerta corpórea emite señales
escalofríos, espasmos.
las comisuras cierran entrada.
aquellos tejidos firmes, dignos de esculpir
dejan de sentir.
llega una muerte pequeña.
fotografía instantánea.

y ya no hay eco.
un silencio corto y a la vez ínfimo.
hormigueantes los sentidos
el chisme corre dentro y fuera
corre diciendo que el metrónomo se ha detenido.
trato de navegar,
todo apremia,
a pesar de ser un leucocito,
el mar rojo escasea.
me quedo indecentemente parado en miembros tiesos
y me pregunto si estoy dentro de un hombre o una mujer.
subo, trato de luchar contra la poca corriente,
hay mucho vacío, mucho que arrastra a coagularme
sigo hacia arriba, veo en mi carrera resquicios muchos donde viví:
lugares tibios donde los sonidos eran música
y no pasa nada, lo rojo sólo gotea
empiezo a asfixiarme.
hay cero redobles...
inconscienmente observo que he llegado a donde quería
veo el metrónomo al fin.
y en mí casi todo yace inmóvil
apenas puedo contemplar
es un bulto grande, su color es plata
más bien muchos círculos pequeños sobre la roja superficie
algunos filamentos punzantes del mismo color salen de un extremo a otro
pero es rojo, de cerca se mira aún más rojo...
y comienzo a opacarme
a recordar en susurros las viejas músicas
a divagar que esa música tenía una intérprete,
donde mis escondites tibios eran resguardados
por ese rojo y a la vez muy plateado tambor.
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