jueves, 17 de febrero de 2011

minuto

tiene mucho que decir poco
desprecia lo tan demasiado en poquitísimo escueto
vamos rodando entre resúmenes de un solo camino
digámonos sí, digámonos no
un tal vez, de vez en cuando
pero algo mucho, algo bastaste habrá que decir
si no, ¿para qué vivir?

si la síntesis es verdad que no caduca,
habrá manera de ponerla a prueba
explicádme, querida mía:
¿cómo hacer escueto un ocaso?
¿se podrá con la gloria medianochera?
¿tendrá fórmula el café de la abuela?


me le pongo al brinco a la ciencia
por no saber explicar lo pan sin sal del ser
por no detectar la exponencialidad de un beso a escondidas
por no saber predecir mi gran animalez.

domingo, 21 de noviembre de 2010

similitudes


es parecido a un odio eterno a la madre
       - no me salgas con corintelladeces -
podría decir un músico.
si bien, quisiera explicarme,
decirlo a la deriva y todos asentir a mi discurso.

es parecido a un golpe en el tabique.
a un chorro de sangre que se pasma y abulta,
a un contenedor punzante de vez en cuando...
      - ni que fuera drama a la italiana -
yo diría, ¡no! es con olor a sopa juliana
de esa que le queda bien a mamá,
que por las graves pertenencias,
(resuelvo)
de no ser comestible
(aclaro)
se convertiría en digna de odiar.

viernes, 8 de octubre de 2010

hora pico

ir en viaducto
tres de la tarde
ola de calor
aliento de asfalto
los niños gritando
              tuvieron clase de educación física
el líquido rojo baja y baja
              y el tanque de gasolina se gasta de a mucho
porque me he movido unos cinco metros
     freno
         me muevo 10 cm, freno...
y la telenovela ya no alcanzaré

sábado, 2 de octubre de 2010

no

nunca. jamás será como nunca.
ni antes,
más que antes
será como aquel
(nuestro) ayer.

jueves, 23 de septiembre de 2010


.Teníamos solo 10.

¡Desde esta rama al piso!
¡Nah! No creo que haya tanta distancia...
No nos vamos a lastimar, ¡¡¡anda!!
Vamos, Pascual, si lo podemos brincar.
-¡Te he dicho que tengo miedo!-
-¡No quiero!, que no quiero, ¡coño!-
Me gritaba lleno lágrimas,  con las bolsas rotas y
todas nuestras canicas enterradas en el lodazal.

¿Y quién lo iba a decir?
Hoy ando en ese futuro del que nos burlamos
Dije ésas, sus mismas frases, pero me las han dicho más.
Sí, he llorado con ellas, me han dolido… me han…
¡Ah! pero, ¿y Pascual?,  a Pascualmiedo no lo he vuelto a ver.
-¡Te he dicho que tengo miedo!-
-¡No quiero!, que no quiero, ¡coño!-
Le han de  gritar con la cara llena de lágrimas, 
Se ha de acordar de las canicas enterradas
y de la miseria del tiempo cuando hace extrañar.

miércoles, 7 de julio de 2010

Sin tanta mecha

En las cantinas, nadie sabe guardar secretos. Eusebio, el cantinero de “El Despacho” siempre que me ve triste me cuenta la historia del viejito de la esquina, el que habla solo y cuando pide la quinta cerveza saca un reloj de cadenita y se pone a llorar. Cuando Eusebio me cuenta la historia de Donreloj, siento que inicia la invitación a que yo, con muchos tequilas derechos encima, desentumezca la lengua y le cuente lo muy profundo que me pesa estar sola y en estas condiciones. Eusebio sabe que es difícil sacarme plática y aprovecha de contarme más chismes cantineros sobre la señora que vende chicles y su romance con el viejito de buena percha que toca la guitarra los viernes por la noche. Siempre que Eusebio llega a esa historia, agregando y quitando personajes, mi lengua parece entender de paz y soltura. Le tomo la mano a Eusebio. Lo veo y me pierdo en sus ojos grises. Ésos, sus ojos llenos de tiempo. Lo miro y él me sonríe como si esa risita prometiera que habrá complicidad en lo que yo tenga que contarle. Le digo sin dejar de verlo, sin tanta mecha: “Don Shebo, si es que fue un remolino de plata o le adornaban dientes de oro, la verdad es que de eso, yo ya ni me recuerdo”.

jueves, 24 de junio de 2010

alfiler


tendría que ser un vacío clavado,
una raspada en la garganta,
un desquebrajo apaciguado,
vaso de agua vieja,
lamas en la tina...
no ver el reloj.
cuarto para las dos.

traje de sastre sin planchar,
recibos de luz vencidos,
tres idas al monte de piedad.
¿taller de costura?
¿air sickness bag?
¿ácido úrico?
¿hilera de metal?

es una mentada dulce de madre,
saco de naranjas a reventar.
de lo roto nadie nos habla,
¿será que él sabrá hilvanar?
aquí no hay puntadas perfectas,
¿una puntada de ojal?

tiene mucho que no veo mujeres zurciendo:
a una dama llorando,
su dedo atravesado por aquel insulso,
atravesado el dedo por un alfiler
¡y pobre! qué debería hacer!
le haré esta pregunta:
¿y qué queda ahora, señora?
          ¡pues lágrimas pa adentro, mujer!
          apúrate que esto urge,
          no te me quedes viendo,
          ¡qué, nunca habías cosido!
          ¡pásame ese condenado dedal!