ojalá de mi muerte a tu muerte
se extiendan dos sábanas,
que el olor a cebolla y a aceite
jamás nos persigan.
ésos lienzos blancos nos cubran
las marcas: tus mordidas sangrantes,
tus hematomas llenos
de frenética rabia mía.
.habemus dinamita.
un camino sólido -no con risas-
-no con música-
-no con lo tibio de la mantequilla compañía-
dejo de pensar en deberes del día,
en la crisis,
en la tesis,
en la economía...
y a la larga se oyen
notas viejas
armonías que titilan.
un olor fresco:
el baúl se abre
y el almizcle vocifera: él vive - tú vives.
pero no me detengo.
(detenerse es contemplar
-camas incendiadas al vernos-
-tempestad acumulada en besos-
-sangre, sangre presurosa
llenando nuestros miembros-)
y el paso ya no es tan pronto
mis ojos se dilatan
una sed repentina me hace presa
estornudo, vuelvo a estornudar.
son dos veces.
sonrío.
con aquel pañuelo, limpio la nariz
mientras resuelvo con certeza
que sí me piensas
y que minutos antes,
también estornudaste.
también estornudaste.

mientes, si me gusta leerte...
ResponderEliminarsolo que la cordura no va conmigo.
abracitos!